Discurso de honor – Diseño de moda 2017-I – CEAM

Hay pocos momentos en los que las personas regulares como yo tenemos la oportunidad de expresar ante tantas  mentes diferentes lo que pensamos sobre un tema en particular, y fue esa la razón principal por la que me esforcé al máximo para dar el discurso de graduación. Espero que marque la pauta de los discursos que vengan en adelante para los futuros diseñadores de moda.

Lima, 26 de julio de 2017

Muy buenas noches a toda la familia de CEAM. Compañeros de la promoción XXXIII, es para mí un honor estar frente a ustedes y debo reconocer que, cuando finalmente me dieron la noticia de que sería yo quien daría el discurso, me emocioné muchísimo: era mi oportunidad de decirles oficialmente “We did it!”. Han sido tres años de mucho esfuerzo que hemos asumido prácticamente sin parar. Hoy, somos personas diferentes a quienes fuimos cuando cruzamos por primera vez la puerta de CEAM. Los conocimientos que hemos adquirido en la parte teórica, en la técnica y en la aplicación diaria de conceptos, nos hacen hoy profesionales competentes, y también competidores en el mejor sentido del término.

Todo este aprendizaje se lo debemos a nuestros profesores, quienes a través de sus metodologías, tiempo, dedicación y paciencia han logrado calar en nosotros más allá de la información: han logrado inspirarnos y motivarnos a cumplir nuestras metas. Por esto, les estaremos siempre agradecidos y en deuda, porque son sus enseñanzas las que estamos obligados a aplicar para hacer de la industria de la moda un nuevo motor económico, sostenible y de alto impacto en nuestra sociedad.  Nos llevamos de CEAM vivencias maravillosas; por más complicados que hayan sido ciertos momentos, la experiencia es la que nos hace crecer. Nos llevamos también amistades y, quién sabe, futuros socios o contactos que nos servirán en un futuro próximo.

Pero la mayor lección que me llevo de CEAM es que “No todo lo que brilla es oro”; y para muestra, el vestido que llevo puesto. La moda es considerada un sector trivial, sin esencia, solo de brillo y poco trascendente. Durante mi primer ciclo recibí un golpe de realidad sobre este tema; fue gratificante entender a la moda como un efecto de respuesta social, tan profundo como la historia textil que tenemos y tan difícil de analizar y comprender como el mismo ser humano. Entonces, tengo tres puntos importantes de lo que, más allá de los agradecimientos y saludos, necesito tocar.

Todos somos iguales

Considerando la coyuntura en la que estamos, es imposible no hablar de igualdad; la moda es, probablemente, la industria más inclusiva en términos de género. Por eso mismo, debe ser una herramienta que nos permita luchar por esa igualdad, por la libertad de vestir libremente sin sufrir acoso, porque hombres y mujeres cobren los mismos sueldos y por no vivir en esclavitud. Hace pocas semanas, fuimos testigos de una tragedia en un almacén ferretero, y la noticia me hizo cuestionarme acerca de cuán lejos está esa realidad de Gamarra. Nuestro emporio comercial, del que podríamos sentirnos orgullosos, es foco de esclavitud moderna, en el que galerías se cierran con personal dentro para que laboren durante la noche percibiendo remuneraciones mínimas y en condiciones denigrantes. ¿A qué nivel hemos llegado? A llenarnos los bolsillos de dinero a costa de la dignidad y de la salud de nuestros compatriotas, quienes se sacrifican por confeccionar prendas al por mayor. Y este punto es importante porque, dentro de poco, mis compañeros deberán cerrar tratos con talleres en Gamarra y habrán de ser capaces de aplicar lo aprendido en CEAM para poder discernir y no ser parte de esta esclavitud moderna, sino que, por el contrario, sean parte del cambio y se empiece a revalorizar la moda desde el inicio de la cadena productiva.

No todo el que hace ropa es un diseñador de modas

Tengo amigos egresados de Derecho, Ingeniería, Administración o Economía y, cuando nombran sus profesiones y cargos, todos se sienten orgullosos de haber culminado dichas carreras, o de tener un amigo o un hijo exitoso con esa profesión. En cambio, el diseñador de modas es visto, injustamente, como un profesional de segundo nivel, como un simple “técnico”. En mi caso, como marketera, porque esa es mi primera carrera, me he dado el tiempo de analizar qué pasa con el diseñador de modas. No los voy a aburrir con el diagnóstico, ni sacar un Excel explicándoles lo que sucede; pero sí necesito que me ayuden y que ayuden a sus hijos, como voceros de una carrera que no solo exige en el nivel creativo, sino que demanda luchar contra la corriente.

[Compañeros, son ustedes los que tienen que enaltecer la profesión, los que deben tener claro que la moda no es “hacer ropa”; en realidad, la moda es un reflejo de nuestra sociedad, es saber quiénes somos y cómo queremos que el mundo nos vea]

He visto “memes” en Internet que dicen “Hijita, tú que estudiaste diseño de modas, cósele la basta a mi pantalón”… y claro, uno se ríe, pero en el fondo ese mensaje está ironizando el pensamiento de muchos. Y nuevamente, no ayuda a transmitir lo que realmente hace un diseñador de modas: investigar, analizar, verificar, decidir, crear, compartir, gestionar y transmitir mediante sus creaciones, emociones, mensajes, protestas e ilusiones.

[La industria de la moda mueve millones de dólares, y es inconcebible que los encargados en este país de gestionar el rubro no ocupemos el nivel que merecemos, porque se cree que solo hacemos ropa]

Todo esto me lleva al siguiente punto.

Tenemos el compromiso de cambiar la moda peruana

Hace 30 años nuestro país ocupaba el primer puesto en tráfico de drogas ilegales, y probablemente lo siga manteniendo. Pero éramos solo eso. Hoy, nos llenamos de orgullo al escuchar que somos el mejor destino gastronómico del mundo. Me gustaría saber si Virgilio Martínez o sus padres pensaban hace 20 años que él sería el mejor chef de mundo, un peruano quitándoles el galardón a los franceses, y les pongo este ejemplo porque Francia es la cuna de los mejores diseñadores de moda del mundo. Y lo es no porque solamente allá haya talento o recursos; lo es porque existe voluntad política y empresarial. No nos creímos que nuestra comida era la mejor hasta que alguien nos educó, y nos hizo abrir los ojos demostrándonos que tenemos materia prima y manos como nadie en el mundo. Lo mismo pasa en la moda: nuestra historia textil es inigualable, pues no nos superan ni los egipcios. Pero, ¿qué hacemos nosotros? Esperamos sentados que venga un “Gastón Acurio de la moda”. Con esto, llamo la atención del Estado, las instituciones educativas, las asociaciones gremiales y todos los que, de alguna manera, estamos dentro de la cadena textil y de moda, porque constituimos un ecosistema.

Y no va a ser hasta que dejemos de ver nuestros intereses propios que podremos apostar por este país, su historia, sus artesanos, el talento de los jóvenes. De lo contrario, y lo aseguro en este momento, otro se encargará de contar nuestra historia, como sucede con el pisco.

Dicen que “guerra avisada no mata gente”, pero, aunque ustedes no lo vean probable, averigüen la cantidad de cosechas de algodón que desaparecen año a año porque el Estado no está hace su trabajo. Ese algodón que nos enorgullece tanto podría desaparecer en unos años, y luego nos lamentaremos ante lo irreversible. Averigüen lo que está haciendo Australia con las alpacas que se han llevado. Pronto un saco de alpaca australiana valdrá más que uno de alpaca peruana, y ¿qué haremos?: ¿bajar nuestros precios?, ¿quemar nuestro producto?, ¿quejarnos? Les dejo la tarea a ustedes.

Para terminar, recuerden que estudiar una carrera tiene un objetivo personal, pero también implica un compromiso con nuestro país. Sabiendo que la moda es la segunda industria más contaminante del planeta, nuestro compromiso es mayor y va a requerir mucho trabajo. Les deseo el mayor de los éxitos y jamás olviden que ustedes son la generación que tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de la moda del Perú; no esperemos más y seamos YA gestores del cambio. En 30 años el Perú podría tener al mejor diseñador de modas del mundo, y podría estar aquí, en esta inolvidable ceremonia de graduación.

Gracias

 

 

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